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24 febrero 2010

Pastel de trufa con fresas

Este fin de semana Claudia cumplió 23 años. Ya el Viernes empezó a celebrarlo con sus amigas, no se acostó y el Sábado se fue a trabajar. Sin saber si llegaría a hora de comer preparé un buen picoteo y debido al exceso de viento apareció a buena hora porque no hubo regata. 
Comimos y cansadísima se echó una siesta.
Habíamos estado en el Mercado y como tengo el p vicio de tocar todo lo que voy a comprar, que un día me van a dar en las manos, parece ser que, por una herida que tenía en el dedo me debió de picar algo porque al día siguiente amanecí con la mano hinchada. Por todos es sabido que no existe buena circulación en el brazo operado por cáncer de mama y cualquier herida puede ser vía de infecciones.
Y como un cumple no lo es sin un pastel a pesar de tener la mano hinchada me lancé a estrenar unas varillas que me acababa de comprar.
Qué menos que subir unas claras y como mínimo hacer un bizcocho. No le pedía mucho, tan solo que me saliera esponjoso. Y con mi madre al otro lado del teléfono dando órdenes conseguí que los 6 huevos junto con su harina y azúcar correspondiente triunfaran como mi primer bizcocho. Pero no tonta yo, ya me había preparado con nata, fresas y chocolate para fundir por si la cosa se complicaba.
Monté entonces 1/4 de nata y añadí 200 gr de chocolate puro fundido (cuando enfría). Aquí puedes utilizar un Valor puro, Valrhona, yo utilicé un Lindt repostería, eso a gustos. Hice así una trufa bastante amarga y cuando el bizcocho estuvo frío, corté 3 capas y lo rellené.
Por encima laminé fresas y lo decoré. Por último salpiqué con azúcar glass.
Este pastel da mucho juego porque puedes poner encima la fruta que quieras y decorar con coco, pistachos, menta, frutas rojas, lo que quieras. Y puedes rellenarlo con nata sola y cubrirlo con chocolate negro fundido, en fin, existen muchas posibilidades.
Lo único que tienes que conseguir es que te salga un bizcocho esponjoso y lo demás ya sale rodado.
Yo estaba loca de contenta porque ya llevaba una racha de dulces bastante mala, así que siendo una celebración como esta disfruté mucho.
Corté el bizcocho en caliente, con las prisas, lo rellené y cubrí con las fresas, todo antes de comer, se hizo tardísimo y casi no dio tiempo a enfriar. Aparece el pobre con un poco de celulitis pero estaba riquísimo.  Está mucho más bueno el segundo día cuando la trufa está bien fría.
Y por la tarde me apareció en la mano hinchada una serie de picaduras que hasta hoy no he podido saber de qué. Sospecho del Mercado pero el médico no asegura nada, me dio antibiótico, pastillas para el picor y también para la circulación. Así que en adelante, con guantes de goma bien atados voy a ir a la compra no sea que un día de estos me metan un tortazo por tocar los tomates.

17 febrero 2010

Arroz con acelgas y caracoles

Este arroz me lo enseñó Inma, la mamá de Rubén hace muchos años. Es un arroz muy típico aquí en Valencia capital. No tiene mucha cosa, el secreto está en poner unos buenos caracoles, si son "vaquetes" que son carísimas mejor, al menos de eso presumía el abuelo de Rubén que en su chalet de Lliria solía demostrarnos lo purista que era con los caracoles, las patatas, la paella valenciana, el "garrofó" etc.
Rubén iba al cole con mi hija Claudia hace 15 años. Empezaron a ir juntos en Preescolar y los años de Primaria. Su madre se lo miraba y no se lo veía, era un niño especial y ella era fuerte, trabajadora, lo hacía todo por él, se lo crió ella sola. Entonces yo rondaba los 28 más o menos y ella ya era una mujer con todas las de la ley acostumbrada a sacar las castañas del fuego. Me inculcó muchas cosas, yo era una madre joven y cuando yo iba ella ya venía, como se suele decir. 
Su abuelo era un encanto, loco por el nieto, mientras Inma trabajaba. Rubén era de todos, tenía unos ojos redondos negros, guapo a morir. En alguna ocasión nos hizo una paella debajo de la "garrofera" del chalet de Lliria y fue entonces cuando empecé a saber lo que era un guiso de verdad. Aún teniendo una madre como la que tengo, para mí una gran cocinera y pastelera, lo que he aprendido siempre ha sido fuera de casa, en mercados, preguntando a gente mayor, y probando.
El abuelo de Rubén plantaba patatas, no comeré mejores patatas en mi vida. Se las comprábamos a él y nos decía cómo teníamos que conservarlas: tapadas en un cubo con arena.
Pasamos muchas tardes de parque y merienda, muchos cumpleaños juntos y no olvidaré el énfasis en la voz de Inma cuando llamaba a su Rubén, madre si se le escapaba de la mano: Rubén!!!!
Un mal día unos pájaros anidaron en el tubo de la caldera de la calefacción que tanto le había costado poner a Inma en su casa. Esa noche murieron ahogados Rubén, su abuelo y a Inma la sacaron de milagro. 
A Rubén lo enterramos las mamás del cole, creo que vino su padre, no recuerdo, ¿qué importa si cuando lo necesitó no estuvo?, Inma estaba ... no se ... a saber dónde estaría Inma, físicamente no tengo datos pero cerebralmente, me lo imagino.
Este es el arroz que me enseñó Inma:
Sofríes unos trozos de pollo, o huesos de cerdo magrosos (los conseguirás si conoces al carnicero, de lo contrario los pelan totalmente) la carne que quieras poner.
Añades unos ajos tiernos y tomate rallado.
Ten en cuenta que le irá bien una cucharadita de carne de pimiento choricero.
El abuelo me enseñó a trinchar las patatas porque decía que así hacían el caldito espeso: añade pues una patata trinchada o dos, según los comensales.
Sálalo y añade las acelgas y los caracoles.
Pon agua suficiente para que cueza y si lo haces en olla, tapa la olla.
Cuando esto esté cocido, añade el arroz y el azafrán, aquí el abuelo quería azafrán del de verdad, me enseñó a tostarlo envuelto en un papelito encima de la olla y luego picarlo con los dedos apretando el papel que lo envolvía.
Pon además colorante si te gusta que quede amarillo.
El tiempo de cocción del arroz lo determina el tipo de arroz que utilices: si es un arroz normal y dependiendo de gustos, unos 20 minutos; si es arroz bomba, un poco más.
A mí no me gusta que este arroz quede tieso, un pelín crudo como suele gustar el arroz de paella, u otro arroz seco, me gusta bien cocidito sin llegar a "esclatarse" como llamamos aquí "arros esclatat" porque ahí ya la has fastidiado.
Torrijas
Y como estamos en Carnaval, unas torrijas en memoria de Rubén que seguro que allá donde esté estará pidiendo su merienda a las 5, hora de salida del cole.
Utiliza un paz de hogaza que tenga unos cuantos días (probé con dos panes, uno blanco y otro de nuez y me gusta más cómo salió el blanco).
Haz unas rebanadas.
Pónlo a remojo con leche y azúcar. 
Echa una cucharadita de esencia de vainilla en la leche.
Bate unos huevos y ve calentando el aceite, que no llegue a humear (con el pan hay que ir con cuidado, el aceite enseguida se quema).
Cuando el pan haya absorbido la leche coge cada rebanada, pásala por huevo y fríela.
Espolvorea con una mezcla de azúcar y canela. 

10 febrero 2010

La patata violette

La vi en el Mercado Central y como soy muy curiosa la compré para probarla. El precio me extrañó, qué cara!!!, entre 5 y 12 € según mercados pero tenía que despejar mis dudas, compré 4, una para cada uno.
Las herví, las pelé, se me tiñeron los dedos de violeta y observé que si por fuera, la piel es marrón, casi negra, conforme la pelas aparece el color violáceo y al partirla descubres el color al que hace honor.
Faltaba por descubrir el sabor, qué fuerte, qué sabor a tierra, nada del otro mundo, haber pagado más € por más sabor a tubérculo, tanto es así que se aleja del sabor de la patata convencional. Por más intensidad que descubres en ellas no justifica su precio, tan sólo son más decorativas y menos comunes que las otras, esa es mi conclusión.
Dado su color oscuro decidí darles una compañía en tono claro, qué mejor que un huevo poché? Y unos toques de verde, eso siempre.
¿Y tú, las has probado alguna vez? 
¿En algún restaurante quizás?
¿Con qué las acompañaste?

08 febrero 2010

Disfruta sin moverte de casa de los aromas de Alaska y Japón

Termino de cocinar, comemos, limpio y me falta algo. No suelo usar ambientadores, no soy amante de aromas que no me transporten a ningún sitio ni que evoquen imágenes en mi fantasía. Si presiono un pulverizador y se expande en mi hogar una nube de fragancia, exijo que esta me haga viajar tan lejos como lo han conseguido las fragancias de las que os voy a hablar.
Sara Lee me ha pedido colaboración en la presentación de sus recientes lanzamientos y después de mi experiencia no me he podido negar, pensando también en ti y en las ventajas que puedes sacar.
Las dos nuevas fragancias son:
Alaska Glacier Bay: es una fragancia fresca y sutil, inspirada por los glaciares y la brisa ártica, con notas florales procedentes de los bosques circundantes. Deja un aroma fresco, límpido y ligero.
Japan Tatami: es una fragancia inspirada por la Igusa, utilizada por los japoneses para confeccionar el tatami y que deja un recuerdo en el ambiente a hierba seca y toques de camomila. Se presenta en unos sticks aromáticos.
Ahora tienes la posibilidad de obtener una muestra de regalo de las nuevas fragancias aquí. Sí, sí, por eso decía que te puedes aprovechar, no te demores y en breves días podrás disfrutar del aroma de estas fragancias en tu hogar. Solo tienes que rellenar el cuestionario que encontrarás aquí, y en primicia obtendrás una muestra de regalo.
Ambi Pur quiere promover el interés por los espacios abiertos y la Naturaleza, algo que repercute beneficiosamente en nuestra Salud. 
En este sentido, ha creado, para los que amamos la Naturaleza y los viajes, un nuevo espacio llamado Viajes Respira Naturaleza, el blog y en Facebook la página del mismo nombre. 
Puedes hacerte fan de la página y seguir a través de tu muro todas las novedades y las actividades que se van a desarrollar. Y puedes invitar a tus amigos.
Este espacio está dedicado a la fotografía y a los viajes. En él podemos compartir nuestras experiencias, anécdotas, fotografías y sensaciones.
Puedes comentar las fotos de otros, subir tus fotos y conocer alguno de los lugares mágicos de Japón y Alaska.
Además, durante los próximos meses, tu participación en Viajes Respira Naturaleza podrá resultar premiada con libros (procedentes de tratados de botánica de los siglos XIX y XX), láminas originales o lotes de productos de Sara Lee, como los agradables y decorativos dispensadores de aroma de Ambi Pur que te van a venir fenomenal.
Estas son algunas de las láminas que cuidadosamente he elegido para que te hagas una idea.



Los libros que se regalarán y que no suele ser algo habitual, son realmente especiales. Os pongo mi preferido pero los demás también son realmente interesantes.
Cuando recibas la muestra y la pruebes, puedes dejar tu opinión aquí, opina y gana.
Me encanta cómo influyen estas fragancias en mi estado de ánimo. He descubierto cómo al fundirse la naturaleza, la ciencia y el arte, se crean unas sustancias capaces de alterar una actitud, es fascinante.
Anímate y prueba!!!!!!

04 febrero 2010

Pimientos del piquillo rellenos de bacalao

Esta receta es curiosa porque el relleno que llevan los pimientos resulta muy semblante a la pasta de unas croquetas de bacalao que solemos hacer por esta zona y que acompañamos con alioli. Recuerdo cuando mi abuela las hacía, tan pequeñas y bien moldeadas, sublimes. Mi madre después también las ha hecho muchas veces y cuando hemos tenido la suerte de acompañarlas con un alioli de esos hechos a mano, bien amarillo y puro, la verdad, resultan excelentes.
Para el relleno de estos pimientos, salían unos 8 en la lata, eso sí, de Lodosa, defendamos nuestros productos y no permitamos que nuestras mesas sean invadidas por productos chinos, como unos espárragos que vi en Mercadona el otro día, por Dios!!!!!, tendremos cojonudos aquí en España, decía, que para el relleno necesité:
-un ajo picadito
-una cebolla pequeña rallada
-aceite y mantequilla a partes iguales
-medio pimiento verde troceado
-120 gr de bacalao desalado desmigado puesto a remojo el día anterior
-una cucharada de harina
-1/4 de leche tibia
-sal y pimienta
Calentamos el aceite en una cazuela, añadimos la mantequilla y pochamos el ajo y la cebolla. Antes de que doren añadimos el pimiento y seguimos pochando. Cuando las verduras estén blandas añadimos el bacalao y damos unas vueltas.
Añadimos la harina y removemos hasta que tueste. Ponemos la leche y trabajamos hasta conseguir la bechamel. 
Dejamos enfriar y pasados unos 30 minutos rellenamos los pimientos ayudándonos de una manga pastelera. Si queréis conocer dos trucos a la hora de rellenar los pimientos visitad el blog de El cocinero fiel, a quien agradezco que compartiera esta receta que me llevó a recordar el sabor de nuestras increíbles albóndigas de bacalao.
Es un plato genial para dejar preparado y a última hora decorar o quizás servir con una salsita caliente como lo hizo en su día nuestro compañero
Josemari
Buen provecho y acordaos de comprar productos españoles, si son latas, que sean abrefácil, que la mía era de las clásicas y tuve que ir a que la vecina me la abriera porque para eso no tengo maña.